domingo, 14 de marzo de 2010

LA INFORMACION SE COMPLETA



En una entrevista al flamante nuevo Secretario General del Psoe de Andalucía, José Antonio Griñan, publicada hoy en EL PAÍS, se refiere a la anécdota del Congreso como calificó Rafael Velasco al incidente con el Secretario General Provincial, Francisco González Cabañas.


(...) P. ¿Cómo fue su primera noche como secretario general?


R. La verdad es que lo hizo todo Rafael Velasco. Yo hice muy poquito. Todos los secretarios generales me han dado lo que he pedido. En Cádiz se produjo un conflicto porque el secretario general quiso ser miembro de la ejecutiva. Él sabe que para ese puesto exijo incompatibilidad y, por lo tanto, tenía que dimitir de la secretaría general y de la Diputación de Cádiz. Lo aceptó en un principio, luego dijo que no, luego que sí... Al final no nos pusimos de acuerdo. Ha sido el único percance, pero Cádiz ha apoyado la lista y tengo plena confianza en Cádiz. (...)


También hoy la prensa detalla lo que ocurrió en la madrugada del viernes al sábado sobre la negociación que afectaba a la representación política de la Agrupación Provincial en la nueva Ejecutiva Regiona del Psoe de Andalucía.


Cabaña dio la 'espantá' (Grupo Joly, publicado hoy)



No faltó ningún ingrediente en el bautizo de Griñán al mando de la maquinaria del partido, rondas de reuniones que se prolongaron hasta las 04:30 de la madrugada


De los congresos del PSOE se sabe cómo se entra, pero nunca cómo se sale. Hasta se puede salir dos veces. O tres.

Como el secretario provincial de Cádiz y presidente de la Diputación, Francisco González Cabaña, que salió más que enfadado -"chungo", apuntamos en el bloc de notas a las 02:45 de la madrugada del sábado-; regresó algo más contento a las 03:45; se le nombró a las 04:35 nuevo secretario de Política Institucional del PSOE de Andalucía, y a las 9 de la mañana ya no ocupaba ningún cargo en la lista de la Ejecutiva que se sometió a votación.

Entre las cinco y las nueve se lo pensó mejor, llamó a su vicesecretario general, Rafael Velasco, y le comunicó, para estupefacción de éste, que no, que prefería quedarse como secretario de Cádiz y presidente de la Diputación, dos cargos que debía dejar si entraba a formar parte del núcleo duro de la nueva dirección de Griñán.

Griñán -Pepe a parir de ahora para todos- ha tenido un buen bautizo en este complejo mundo de las entrañas del PSOE. Bueno en el sentido de que la lección ha sido completita. Un congreso de éxito, con aplausos y apoyos; Manuel Chaves algo frío con él, pero todo según el guión marcado, excepto, claro, la conformación de la Ejecutiva. A los socialista les gusta enredar todo las noche de los congresos. Las provincias bailan, sus representantes juegan y, al final, se encaja el puzzle andaluz. Hasta un secretario provincial da un plantón al secretario general.

Hacía unos días que Griñán había anunciado que deseaba una dirección nueva, joven y dedicada full time (todo el tiempo) al partido, razón, por ejemplo, por la que Rosa Torres deberá dejar la Consejería de Cultura.

Y, en la tarde del viernes, sobre las 20:30 horas, cuando Felipe González y Cándido Méndez ya habían acabado con una conversación un tanto surrealista ante los delegados sobre la crisis, Griñán y, en especial, Rafael Velasco, se fueron a una estancia reservada del Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla a terminar de ajustar la Ejecutiva. Ya llevaban algunos nombres, pero sobre todos la filosofía iba a ser inmutable.

Ese núcleo duro, con Griñán, Velasco y la presidenta Rosa Torres y los demás de la Ejecutiva permanente, no debía de pasar de más de 10 miembros, y así ha sido, aunque la dirección completa tendrá, en total, 41 miembros, cuatro más que la última de Manuel Chaves. Cosas de Andalucía.

La delegación de Cádiz andaba preocupada desde la mañana, y con ciertos motivos: Manuel Chaves y Luis Pizarro salían de una dirección en la que habían mandado desde 1994, y no se sabía qué referentes serían los nuevos de esta provincia. Pero González Cabaña contaba con un plan B : dar el salto a la política autonómica, con un cargo importante en la nueva Ejecutiva.

Según algunos de los negociadores que estuvieron en aquella estancia, González Cabaña optaba por la vicesecretaría general, el puesto que había dejado Luis Pizarro. O por Organización, previsto en principio para Rafael Velasco. Pero los puestos principales ya contaban con novios y novias. Griñán quería gente joven. Así que se le propuso la secretaría de Política Municipal.

A las 02:45 de la madrugada, el presidente de la Diputación de Cádiz salió más que enojado del Palacio de Congresos. Pasó por delante de los pocos periodistas que aún hacían guardia, mientras que Rafael España, subdelegado de la Junta en el Campo de Gibraltar, y Chiqui Pérez Peralta, secretario local de Cádiz, le tocaban la cara, como en señal de consuelo. Según varias fuentes, Cabaña en esos momentos había decidido no ser nada, había amagado con dimitir de todos sus cargos, pero ya en el hotel, y tras hablar con España, Pérez Peralta y Pizarro (con éste, por teléfono) se decidió a volver.

A las 03:30 horas salió el secretario general de Granada, Francisco Álvarez de la Chica. Estaba contento. Había colocado a uno de sus hombres en la secretaría de Política Municipal, Juan Manuel Fernández, pero De la Chica se tenía que marchar urgentemente a curarse un dedo.

A pesar del dolor, el informe caritas (ese escrutinio infalible que mide el éxito de una negociación o el de una elección en función del rostro del interesado) atestiguaba que el granadino escritor de haikus (versos japoneses) estaba que se salía. Todo lo contrario de González Cabaña. Los periodistas preguntan a De la Chica un tanto desesperados. En el PSOE de la comunicación y del 2.0 nadie sale a informar. Bueno, el wifi se caía más que un niño chico: uno les echaban la culpa a los federales (el comité de Madrid), y otro a los megas. ¿Qué megas? "Pues que llamen a Megatón, leches", el apodo cariñoso de Gaspar Zarrías.

"Los he visto (los nombres) en pantalla, y ya está todo listo", les asegura De la Chica a los reporteros a las 03:30. Sólo falta darle al botón.

Y, en esto, a las 03:45 vuelve a entrar González Cabaña, ya sonriente, como si se lo hubiera repensado todo. Pepe Griñán, por fin, se va a las 4:20 horas. "¿Cómo ha ido todo?" Se atisba un buff, pero no más: el informe caritas evidencia que va contento.

Por fin, a eso de las 04:35, el flamante vicesecretario general, Rafael Velasco, da la lista, y allí está González Cabaña, como responsable de Política Municipal. Con los antecedentes del famoso "full time", no hace falta ni preguntarle. Cabaña debe dejar su cargo de secretario general y de presidente de la Diputación, dice Rafael Velasco.

Y a dormir. Cabaña había decidido dar el salto a la política autonómica, con un cargo no tan magnífico como él deseaba sobre el papel, pero este viejo zorro de la política cuenta con suficientes habilidades para agrandar espacios.

Pero a las 9 de la mañana rectifica, y dice que no. Reúne a sus delegados y les manifiesta algo así como que "han querido tres por el precio de uno". Chaves, Pizarro y, ahora, Cabaña. Sin embargo, una voz autorizada del socialismo gaditano afirma: "Ha sido una decisión exclusivamente suya, en nada achacable a la delegación de Cádiz". Una voz fiable. Ya por la tarde, el secretario de Cádiz afirmaba en Chiclana que él no sabía que era necesario dejar los cargos, y que su gente le pedía que no se marchase.

Tanto full time, tanto secretario, y González Cabaña sin enterarse. "Se lo dije, si te arrepientes ahora, espera un poco, aguanta, y después dices que te duele algo y que no te puedes ir a Sevilla, pero no lo hagas en este congreso", mantiene la misma voz. Eso hubiera sido saber salir.