
sábado, 31 de enero de 2009
LA ALCALDESA REINAUGURA LA PLAZA DE LAS ANGUSTIAS

¿LA PUNTA DEL ICEBERG?

La justicia recibió el año pasado información de la Alcaldía actual sobre posibles contrataciones irregulares del ex regidor a dos colaboradores en sociedades municipales
SILVIA TUBIO
Poco le ha durado la paz mediática a Pedro Pacheco después de su polémica retirada en el último congreso del PSA, donde debía haber salido reelegido como secretario general del partido. Por esas fechas -el 29 de noviembre-, quizás ya estaba enterado de que en el juzgado de Instrucción nº 3 de Jerez hay una denuncia contra su persona de la Fiscalía Anticorrupción de Cádiz por delitos graves como la malversación de caudales públicos y la falsedad en documento oficial.
martes, 27 de enero de 2009
UN POQUITO DE POR FAVOR

sábado, 24 de enero de 2009
LIBERTAD!!!!
rtante representación de la política y de la sociedad española y andaluza. La Ministra de Igualdad, Bibiana Aido, el Presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, el Presidente de la Diputación, Francisco González Cabañas, el Presidente de la Asociación de la Prensa Gaditana fueron los que, en sus discursos, analizaron los cien años de prensa en la antigua fábrica de tabacos.
Por la libertad, por defenderla, han sufrido y padecido persecución, tortura e incluso la muerte, muchas personas en toda la historia. Es importante que bajo la palabra LIBERTAD se celebren cien años de la asociación de los periodistas de la ciudad de Cádiz. Los de la ciudad de Jerez ya están preparando, me consta, los actos de su 75 anivesario para el año que viene,,,
La democracia sin el "cuarto poder" libre carecería de un elemento esencial. Estamos orgullosos de que, hoy en día, en España se disfrute de las cotas de libertad más altas de nuestra historia y, me atrevo a afirmar, de las naciones más avanzadas del mundo.
viernes, 23 de enero de 2009
martes, 20 de enero de 2009
FELICIDADES AL CUADRADO, GONZALO Y PILI

Hace un rato he hablado con Gonzalo, un amigo de la infancia, para comunicarme el nacimiento de su hija, Elena. Una hermanita para Mateo. Desde esta tribuna virtual quiero felicitar a la familia por este nacimiento.
Pero la felicitación tiene que ser al cuadrado porque Pili ha superado una grave complicación en el nacimiento, por cesárea. Nos alegramos de que todo, al final, haya salido bien y que en unos días la familia esté en casa.
Pienso que todos tenemos la tarea de mejorar nuestra sociedad y nuestras vidas para que nuestros hijos reciban un mundo mejor.
¡HOLA!,,,,¡¡¡HOLA, TU!!!

EL PAÍS - Opinión - 19-04-2007
El desarrollo de una estrategia de la crispación es el rasgo más destacado de la situación política española. Ella se refiere tanto a la aspereza de las formas utilizadas como a la concentración de la agenda en torno a unos temas sobre los que, habitualmente, ha existido algún tipo de consenso para dejarlos al margen de la competición electoral. Esta crispación está afectando a las relaciones entre el Gobierno y la oposición, a la vida cotidiana de algunas instituciones centrales y a la convivencia entre los ciudadanos, generando una división entre los mismos.
La existencia de una estrategia de la crispación es un fenómeno anómalo en las democracias maduras. No la tendencia al conflicto, que está inscrita en el sistema ya que existen grupos, con y sin poder, que persiguen objetivos diversos. Pero para obtener este poder no vale todo y, sobre todo, no vale la deslegitimación permanente y sistemática del adversario. Entendemos por estrategia de la crispación un desacuerdo permanente y sistemático sobre algunas iniciativas del antagonista político, presentadas desde la otra parte como un signo de cambio espurio de las reglas del juego y, en última instancia, como una amenaza a la convivencia o al consenso democrático.
Este tipo de estrategia se contrapone a otro esquema de relación más fluida en el que se suceden o coexisten momentos de tirantez y de relajación, y en el que predomina la negociación y el intercambio por grandes que sean las diferencias. Mientras en esta última situación la crispación ocupa un momento ocasional y pasajero, en el caso de la estrategia de la crispación la tensión opera de forma sistemática, incluso sobre cuestiones de mínima significación.
¿Por qué se pone en marcha deliberadamente una estrategia de la crispación? Hay analistas que la identifican directamente con la cercanía de procesos electorales. Sin duda ello es una condición necesaria, pero no la explica del todo: hay muchos momentos en la historia de las democracias en los que se celebran elecciones sin una crispación añadida. Por tanto, hay que añadir otros elementos al análisis. Por lo menos, dos, estrechamente vinculados entre sí: los denominaremos el elemento ideológico y el elemento instrumental.
El elemento ideológico se refiere al grado de legitimidad que la oposición reconoce al Gobierno y viceversa. El funcionamiento normal de la democracia requiere la aceptación y el respeto por parte de los actores de algunas reglas no escritas: a) el que pierde, reconoce su derrota; b) el que gana, respeta al derrotado y no lo persigue; c) para ganar, no todo vale. Las dos primeras reglas citadas son la consecuencia obligada del método democrático que se basa, por un lado, en el reconocimiento de la elección como procedimiento de selección del Gobierno y, por otro, en el respeto a las minorías como expresión del pluralismo político. La tercera es una derivada del consenso fundamental que hace posible el disenso y la competición entre los partidos, lo que implica que determinadas cuestiones, como por ejemplo la lucha contra el terrorismo (en casos como el español), quedan fuera de la arena competitiva.
Esa forma de normalidad se hace prácticamente imposible si algunos de los principales actores se niegan a reconocer el veredicto de las urnas y/o cuestionan la legitimidad de la victoria del ganador. En 1996, Felipe González aceptó rápidamente su derrota, y en 2000 Joaquín Almunia asumió la responsabilidad de la suya anunciando esa misma noche su dimisión irrevocable. Por contraste, bajo el liderazgo de Aznar, el PP disputó en 1989 la mayoría absoluta del PSOE impugnando los resultados en varias circunscripciones y la regularidad del recuento porque los resultados del escrutinio desmentían los pronósticos de las encuestas y, por la misma razón, en 2004 discutió el triunfo de sus adversarios atribuyéndolo a sus supuestas maniobras para capitalizar el impacto del atentado del 11-M.
El elemento instrumental para propiciar la estrategia de la crispación constituye la otra cara del ideológico. Si uno de los grandes partidos que compiten por el Gobierno subordina cualquier consideración a ese objetivo y entiende que una atmósfera de crispación le favorece en mayor medida que a su adversario, es muy probable que la promueva. La explicación, que casi siempre es la misma, se puede resumir así: a) las elecciones no se ganan, sino que se pierden y por consiguiente es inútil competir desde la oposición con el Gobierno; b) es más difícil atraer a los sectores identificados con el Gobierno que desmovilizar a una parte de ellos; c) en consecuencia, la estrategia para ganar consiste en movilizar a los nuestros, radicalizando las posiciones para asegurarnos su lealtad, y en atribuir la radicalización al adversario para desmovilizarlo en lo que se pueda.
Así, si el partido que lidera la estrategia de la crispación está en la oposición, a) renunciará a discutir las políticas del Gobierno tratando de deslegitimarlas por todos los medios; b) rechazará de forma sistemática las iniciativas del Gobierno evitando competir con él mediante la contraposición de las suyas propias; c) se negará a aceptar cualquier oferta de acuerdo por parte del Gobierno, inclinándose a invertir los papeles y exigirle a aquél acuerdos y compromisos basados en sus contrapropuestas, como si le correspondiera a la oposición la dirección de la política nacional; o d) introducirá en la agenda política asuntos de Estado, vedados por la tradición para la discusión interpartidista. En una palabra, intentará imposibilitar los acuerdos más significativos.
En esta teoría de la estrategia de la crispación hay algunos rasgos que se repiten de modo sistemático y que generan ese clima enrarecido y angustioso en que se viene desenvolviendo la vida política en los últimos tiempos: a) la deslocalización de la crítica al Gobierno trasladándola de la arena parlamentaria a los medios de comunicación, de modo que el discurso parlamentario busca menos el intercambio de opiniones y propuestas que su eco mediático; b) la desmesura en la crítica al adversario sin respeto a las reglas que exigen la cortesía parlamentaria; c) la magnificación de los errores de los demás, así como de las más mínimas discrepancias con ellos; d) la distorsión de los hechos, negando haber realizado lo que consta en todas las hemerotecas y desautorizando las iniciativas del Gobierno no en función de sus resultados, sino de las perversas intenciones que se le atribuyen.
¿En qué modo se ha instalado la estrategia de la crispación en España? En nuestra opinión, el PP ha elegido la estrategia de la crispación para hacer oposición en la legislatura actual. Ello se manifiesta mediante tres características: a) es una estrategia deliberada (porque cree que le beneficia para sus intereses electorales); b) se implanta mediante la ausencia total de colaboración con el Gobierno en algunos temas que, en buena parte, se corresponden con los que hasta ahora se habían identificado como de Estado (lucha contra el terrorismo en sus dos modalidades, la fundamentalista islámica y la etarra, y en parte en la estructura territorial del Estado) que ocupan el centro de la agenda política, dando lugar a un enfrentamiento completo; y c) tono durísimo en la crítica, que degenera en muchas ocasiones en insultos. Ello conduce a una sensación de estar permanentemente al borde del abismo, como si el país se encontrase en una encrucijada en la que se jugara su propia supervivencia. En definitiva, una percepción artificial de alarma social.
Naturalmente, el ambiente que genera un enfrentamiento continuo no es agradable y nadie quiere hacerse responsable del mismo. Por ello, el PP niega la utilización de la crispación como estrategia deliberada para quebrar el voto socialista y ganar así las próximas elecciones generales. La derecha política recuerda la cantidad de asuntos en los que el Gobierno socialista ha recibido su apoyo (la ley de la Dependencia, la de la violencia de género, la aprobación de la Constitución europea, la reforma de algunos estatutos como el de Andalucía o la Comunidad Valenciana...). Lo que le es imposible aceptar al PP es el proyecto radical que dice que el Gobierno está aplicando y que rompe los consensos centrales de la transición. El PP acusa, a su vez, al Gobierno socialista de practicar otra estrategia alternativa, ésta sí, deliberada: poner patas arriba la situación, y aislar a su partido del resto de las formaciones políticas, impidiendo la posibilidad de volver a gobernar España si no es mediante una mayoría absoluta.
Los socialistas acusando al PP de una deliberada estrategia de la crispación, y los populares señalando críticamente a los socialistas por poner patas arriba los consensos básicos de la transición, son dos vectores tirando en direcciones opuestas, ambos imputando al otro bando querer iniciar una "segunda transición" (título de un libro de Aznar) que no ha sido planteada en los programas electorales con los que se presentaron a las elecciones y, por consiguiente, sería una especie de agenda oculta.
Rodríguez Zapatero ganó las elecciones en 2004 con la promesa de una mejora de la calidad de la democracia. Esto influyó en que muchos jóvenes se acercaran a votar (socialista) por primera vez y que otros ciudadanos recuperasen la tradición perdida de apoyar al PSOE. Pues bien, se puede anticipar que ésta no será la legislatura del entendimiento y del diálogo, sino que se han reproducido los incidentes de crispación que ya estuvieron presentes en la vida política durante los años 1993 a 1996, y han calado en la ciudadanía produciendo división. Al tener como objeto principal la influencia en el resultado de las próximas elecciones generales, ése será el termómetro definitivo para evaluar si la estrategia de la crispación ha tenido éxito. Pero sus costes en términos de calidad de la democracia se han hecho notar con extrema nitidez en estos tres últimos años.
